Alergia estacional y fiebre del heno
La fiebre del heno, también conocida como alergia estacional, afecta a muchas personas durante la primavera y el verano. Esta reacción se produce por la presencia de pólenes en el aire, especialmente los de gramíneas, abedul o plantas herbáceas. Sus síntomas más comunes son los estornudos, la congestión nasal, el escozor ocular y una sensación intensa de fatiga. Seguir el calendario polínico, hacer lavados nasales a diario, usar gafas de sol y ventilar la casa en horas de baja concentración de polen son gestos sencillos que ayudan a reducir la exposición. Preparar el organismo antes de que empiece la temporada también puede disminuir la intensidad de los síntomas.
Dermatitis, eccema y alergias en la piel
Las alergias cutáneas engloban afecciones como la dermatitis atópica —a menudo crónica— y el eccema de contacto. Se manifiestan con picores, enrojecimiento, sequedad o incluso supuración de la piel. Los desencadenantes pueden ser muy variados: cosméticos, níquel, detergentes, entre otros. Para aliviar los síntomas, es fundamental seguir una rutina de higiene suave, adecuada para pieles sensibles, evitar el contacto con productos irritantes e hidratar la piel a diario. En algunos casos, realizar una prueba de alergia puede ayudar a identificar el alérgeno responsable y adaptar mejor los cuidados.
Alergia ocular
Ojos enrojecidos, picor, lagrimeo constante o párpados hinchados… Estos síntomas suelen delatar una conjuntivitis alérgica. Es una reacción habitual en personas sensibles al polen, los ácaros o el pelo de animales. Para aliviar las molestias, se recomienda realizar lavados oculares con productos adecuados, proteger los ojos con gafas de sol cuando se sale a la calle y ventilar las estancias en momentos de baja concentración de alérgenos. Esta forma de alergia puede aparecer sola o ir acompañada de rinitis alérgica.